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La situación de privilegio

Román Ramírez
7 min readSep 15, 2021

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En muchas ocasiones, cuando la gente que está involucrada en causas sociales habla de que “tenemos privilegios”, la reacción del espectador es de rechazo.

Es una reacción normal y completamente razonable que, en mi opinión, tiene mucho que ver con el cómo se transmite ese mensaje (generalmente, puede parecer que es un tono acusatorio) y cómo se recibe ese mensaje (generalmente, la emoción que podemos tener es la de sentirnos juzgados).

Recordemos, todos, que nadie tiene la culpa de haber nacido en el lugar o las circunstancias que haya nacido: ni una persona rica debe sentirse culpable por tener más recursos a su alcance, ni una persona pobre debe tener las cosas doblemente difíciles por su origen (doble dificultad: ausencia de medios y visión clasista).

Un mensaje para los activistas: si generáis en la audiencia la sensación de que se les está juzgando, en vez de sumar, restaréis. Que uséis este tipo de estrategia para señalar a personas “privilegiadas” solamente puede venir justificado porque buscáis confrontación, polarización y darle visibilidad a vuestros mensajes provocando (esperables) reacciones airadas.

Un mensaje para las personas que pueden sentirse juzgadas: todos, en algún contexto, tenemos una situación de privilegio. Identificar estos hechos no tiene que ver con que te sientas culpable, o con “quitarte cosas”, sino con lograr que los privilegios no se sumen a los impedimentos que tenemos las personas para vivir nuestras vidas. Observar dónde estoy yo comparado con otra persona que no tiene mis características, ayuda a empatizar.

¿Por qué se habla de privilegio?

Es muy complejo explicar el concepto social del privilegio. Ninguno creemos tener una situación especial, ni haber sido favorecidos por nada y, desde luego, sentimos que lo que hemos logrado, lo hemos logrado nosotros.

Y eso es cierto. Y es algo bueno. Tenemos derecho a sentir que tenemos logros y que son nuestros. Si no existiera esa sensación de “logro”, no podríamos diferenciar correctamente entre comprometerse con un trabajo y una actividad o, simplemente, ser arrastrado por una inercia.

La meritocracia (méritos que obtenemos por nuestro esfuerzo directo) existe y debe incentivarse. De otra manera, promovemos la idea de la mediocracia (nadie tiene méritos personales porque todo se evalúa sobre el grupo y el promedio).

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Román Ramírez
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Written by Román Ramírez

Cybersecurity and technology expert. Looking for challenges on changing society and hacking minds and attitudes.

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